“Me da mucha pena ver que mi país se cae a pedazos” – Por Víctor Miranda 3ºA

“Me da mucha pena ver que mi país se cae a pedazos” – Por Víctor Miranda 3ºA

Damian Martinez, comerciante de Pablo Podestá, dio su perspectiva acerca de los efectos que está generando la pandemia, no solo en su rubro, sino también en todas las actividades laborales que conforman la economía de Argentina.  Aflicción , dolor, resignación e incertidumbre, son algunos de los sentimientos que debe enfrentar ante esta situación de crisis mundial.

El coronavirus está haciendo estragos en la economía argentina, algo que se preveía por las determinaciones políticas que llevó a cabo desde marzo el máximo mandatario, Alberto Fernández, influenciado por un suceso totalmente inédito para todos.

A pesar de que los rubros de hotelería, turismo, restaurantes y espectáculos son los que más sufrieron y tardarán más en volver a la normalidad, las Pequeñas y Medianas Empresas y los comercios fueron las presas más fáciles que se devoró la cuarentena estricta en los primeros meses del año. Se estima que un 8% de las PyMES está en riesgo de desaparecer, lo que representa unos 61.000 establecimientos que emplean a 263.000 trabajadores, según los datos de la Fundación Observatorio Pyme. Por su parte, Mario Grinman, secretario de la Cámara Argentina de Comercio (CAC), aseguró que ya cerraron definitivamente más de 40.000 negocios en todo el país.

Damián Deliz Martínez (20), es el dueño de la histórica librería-papelera “Casa Daniela”, ubicada en el centro comercial de Pablo Podestá desde hace 25 años. Trabaja junto con sus familiares y tiene la dicha de ser uno de los grandes privilegiados que puede seguir con su emprendimiento. A pesar de esto, fue determinante a la hora de expresar su punto de vista con respecto al mandato de turno. “Soy totalmente apolítico, pero creo que se han demostrado las dificultades del gobierno para llevar adelante el país. El ámbito económico quedó devastado, sin respuestas. Y la parte sanitaria, llena de incógnitas, con miles de infectados, cientos de fallecidos por día y con un aislamiento que sigue de pie, el cual no deja de lastimar el bolsillo de todos, pero principalmente, a los que todavía no pudieron regresar a sus puestos de trabajo”, deslizó. Y además agregó: “Lo único que quiero es que se pueda vivir con dignidad, donde se garantice fidelidad y respaldo hacia los que salen a ganarse el pan todos los días”.

Asimismo, explicó las consecuencias que soportó para tener hoy el local abierto.  “La situación de todos los que venden artículos escolares viene mal desde antes de la propagación del virus. Una familia compraba una caja de 12 lápices negros solo para un trimestre y ahora compran dos y les exigen a sus hijos que los cuiden. El confinamiento influyó demasiado, pero la realidad es que esto no es de ahora”, señaló. Y adhirió: “La mercadería se estancó en abril y lo único que vendemos son algún que otro cuaderno universitario o biromes.  Supe que a menos que abriera a persiana baja, no hubiese podido sostener el negocio. Nosotros no pagamos alquiler, pero el aumento abrupto fue un factor determinante más para el cierre masivo de comercios”.

Por otra parte, comentó la dificultad que tiene para ejercer su labor con protocolos. “Me molesta demasiado, no solo por los barbijos, sino por la lentitud con la que uno trabaja. Nos caracterizamos por intentar brindar un servicio en el que buscamos que la gente se lleve algo lindo y que le sirva, pero fundamentalmente que no esté perdiendo tiempo innecesario. Generalmente, este último punto se torna complicado de concretarlo, ya que solo se puede entrar de a uno. Aunque es casi imposible de respetar porque es difícil decirle a la gente que se quede afuera esperando, aun siendo conscientes de que es por su bien y el nuestro. Incluso hay personas que no salen porque necesitan estar acompañados”, manifestó. Y en relación al cumplimiento de las indicaciones sanitarias impuestas con respecto a los clientes, añadió: “Al principio pusimos señales en el piso donde la gente debía pararse, y se obedecía. Pero con el paso del tiempo, y de forma inconsciente, ya no se le empezó a dar tanta importancia. Y lo mismo con el uso de barbijo. Todavía están los que ingresan sin tenerlo puesto, pero claramente lo hacen sin darse cuenta, por la nueva realidad que estamos viviendo”.

También, mostró su visión acerca del antídoto seguro y efectivo que se está buscando para culminar con esta pesadilla interminable. “No debemos esperar que la vacuna sea la salvación, porque no sabemos cuánto puede tardar en aparecer. Creo que lo más conveniente es reactivar de a poco todo lo que está estancado para ir creciendo como país”, sostuvo. 

-Una de las postales más fuertes que se vio durante la pandemia. Un pasacalle de los responsables de Bad Toro, un bar de los alrededores de la plaza Cortázar, en el barrio de Palermo.

Finalmente, remarcó sus sentimientos por las personas que perdieron su trabajo durante estos tiempos. “Siento lo que cualquiera, en su sano juicio, demostraría. Mucha pena, angustia, pero principalmente enojo, porque uno no puede hacer nada al respecto, más que cuidarse y respetar las indicaciones de los expertos”, confesó. Y culminó: “Escuchar todos los días que la pobreza aumenta, que la gente no tiene como llegar a fin de mes, que cada vez hay más de inseguridad, las actitudes de gente en la que confiamos con el voto, son sentimientos que a uno le hacen querer partir del país. Y es algo que ya se me ha cruzado muchas veces por la cabeza, más que nada por miedo a mi futuro. Por desgracia es un sentimiento bastante egoísta, pero a veces parece la única alternativa”.

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