Insomnio pandémico – Por Victoria Rouys

Insomnio pandémico – Por Victoria Rouys

Durante la cuarentena y desde el comienzo de la circulación del SARS-CoV-2, los problemas para dormir​ aumentaron y se expresan tanto en la dificultad para conciliar el sueño como en despertares nocturnos, somnolencia durante el día o trastornos mucho más severos.

Se los llama parasomnias o trastornos del sueño que se basan en comportamientos o fenómenos anormales. Se presentan mayormente en niños pero ante estados de estrés, pánico o peligro no tienen límite etario. Se clasifican según la fase de sueño en la que aparecen y su significado. Unos surgen en la transición del sueño a la vigilia (del despertar) o de la vigilia al sueño y otros de la fase REM. Esta fase recibe su nombre de las siglas en inglés de rapid eye movements, o movimientos rápidos de los ojos. Esto se debe a que cuando se está en REM, los globos oculares se mueven muy rápidamente. Durante este periodo REM, tanto la velocidad de los latidos del corazón como la presión arterial se incrementan de manera significativa. En dicha fase es cuando la mente y el cerebro están activos, e incluso si se realiza un encefalograma mientras una persona está en esa fase todo indicaría que la persona está despierta.

Para muchos puede ser el encierro la explicación más lógica y concreta para los cambios de sueño experimentados por la sociedad, para otros basta con la existencia o conocimiento del virus como para desequilibrar su comportamiento nocturno. La mayoría de los psicólogos, o científicos que hablaron respecto a la presencia de estos trastornos en este contexto actual mundial agruparon dos motivos principales que aclaran este panorama. Por un lado destacan el poco desgaste de energía y por el otro el exceso de información. Al no ir a trabajar, al perder una rutina y no “cansar” el cuerpo, conciliar el sueño puede ser mucho más difícil para las personas. En cambio lo que sí se “cansa” es la mente, con una superabundancia de noticias, las cuales raramente hablan de otra cosa que no sea el virus o la pandemia en sí.

Según un diagnóstico elaborado a nivel regional, la Federación Latinoamericana de Sociedades del Sueño, el 60% de las personas que viven en países afectados por el coronavirus tiene algún tipo de trastorno del sueño: desde insomnio, pesadillas y somnolencia diurna. Pero esto no solo afecta a la población que está manteniendo este aislamiento, sino también al personal de salud que está trabajando durante la crisis actual.

En España los expertos de la Sociedad Española de Salud y Medicina Integrativa (SESMI) han resaltado que la pandemia de COVID-19 ha acentuado el problema del insomnio en su ciudadanía. Mientras que en la población general, el porcentaje de insomnio se sitúa alrededor del 12%,  los profesionales sanitarios resultan los principales perjudicados, llegando a afectar a un 30% del personal de salud. Una encuesta realizada por la Fundación Cardiológica Argentina (FCA) a más de dos mil trabajadores sanitarios (médicos, enfermeros, psicólogos, kinesiólogos), afirma que el miedo a contagiar a familiares o seres queridos, derivan en  ansiedad e insomnio y diferentes profesionales de la salud lo están experimentando desde el comienzo de la pandemia de COVID-19. El estudio arrojó que el 82% de los encuestados considera que su trabajo en el sector de la salud le generó “algún tipo de impacto emocional a raíz de la pandemia”. Además, aclara que sufrir insomnio y ansiedad puede afectar la capacidad de juicio y esto, en el ejercicio de la medicina acarrea consecuencias serias.

Algo a lo que muchas personas recurren, son a los medicamentos que prometen “ayudar” a dormir. Tanto de venta libre como los que requieren recetas. Varios médicos aseguran que las pastillas para dormir naturales no existen, sí hay otros productos que pueden colaborar, pero en general son publicidades que prometen ser un hipnótico natural y terminan siendo hormonas, entre otras cosas. La melatonina es una de las más nombradas y en realidad es para la regulación de ritmos circadianos, le dice al cuerpo que es de noche por ende hay que dormir, aunque gran cantidad de médicos la desaconsejan asegurando que es mejor crear una rutina y ordenar el día sin acudir a ayudas sintéticas. El Laboratorio de Medicina del Sueño de Fleni formuló una guía que puede ayudar a tratar trastornos leves del sueño como el insomnio. Entre los principales puntos se encuentran: mantener un horario regular para levantarse y acostarse, cenar liviano, evitar bebidas energéticas, alcohólicas o con cafeína , evitar leer noticias antes de acostarse y practicar alguna técnica de relajación.

En este período, las consultas médicas intentan evitarse lo más posible, dejando a las personas aún más aisladas y permitiendo que distintas patologías, físicas o mentales, avancen sin supervisión profesional. La nutricionista Silvia López, responsable del departamento de Nutrición de Logik Clinic asegura que dormir menos de siete horas se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares que incluyen hipertensión e hipercolesterolemia, además de una mayor inflamación que abruma los sistemas inmunes y antioxidantes del cuerpo. También confirma que  la falta de sueño afecta al bienestar emocional, la función cognitiva, la salud​ física y el rendimiento durante el día.

Priorizar la salud es lo que está en la cabeza de la mayoría de la  población, que lamentablemente termina relegando todo trastorno o problema que esté padeciendo por miedo a contraer el virus. La pandemia está dejando en un laberinto sin salida a la gente que incluso tenga la voluntad de buscar ayuda, exponiendo la psiquis a un estrés continuo no importa lo que se haga y dejando cada vez más a la luz la vulnerabilidad del ser humano.

Pintura nombrada : “De vuelta al insomnio” de Alicia Besada

Deja una respuesta

WhatsApp chat