Aprender en cuarentena Por Cecilia Astrada (2ºA)

Aprender en cuarentena Por Cecilia Astrada (2ºA)

El 13 de marzo fue la última vez que las escuelas argentinas abrieron sus puertas, cuando sólo habían transcurrido dos semanas de clases. A partir de ese momento, la sociedad educativa, escuelas-familias, se convirtió en algo primordial. Los comedores y cocinas de las casas se transformaron en aulas. Sin embargo, de acuerdo al último censo Nacional, cerca de 650.000 niños y adolescentes de entre 4 y 17 años están fuera del sistema educativo.

La desigualdad social es un problema que enfrentan las instituciones y docentes tratando de ayudar a los alumnos a seguir con la cursada a través de materiales pedagógicos. En tanto, desde el Ministerio de Educación, se garantiza la continuidad mediante materiales educativos impresos, contenido de TV y Radio, para más de seis millones y medio de estudiantes en contextos vulnerables y rurales. 

Los docentes están haciendo un gran esfuerzo, porque no todos estaban trabajando con la tecnología. Para Gisela López, profesora en biología del nivel secundario en colegio estatal y privado de Pilar, cambió la geografía, el tiempo y la rutina escolar. “Internet pasó a ser mi mejor aliado para preparar las actividades, siempre respetando el ritmo de aprendizaje de cada niño, sumado la adaptación de cada familia”, analizó.

A pesar que se busca la motivación de los alumnos por intermedio de la web, los datos recopilados de una encuesta por Unicef Argentina marca que, solo el 81% de hogares donde viven niños, niñas y adolescentes están en contacto con el sistema educativo y recibe tareas escolares para realizar. También alertan que el 18% de los adolescentes del país no cuentan con Internet en su hogar, y 37% no tiene una computadora disponible para hacer trabajos escolares.

CONTENCION EMOCIONAL

Está claro que se está trabajando a prueba y error. Sin embargo, los padres explican la difícil tarea de ser ellos los profesores de sus propios hijos, y el estrés emocional que lleva la comprensión de las tareas al no ser docentes. 

Para los estudiantes tampoco resulta nada sencillo no tener el ritual de la escuela, y por el contrario tener que cumplir con los solicitado cada semana, sabiendo que no serán evaluados. Un 36% de los adolescentes manifestó estar preocupado o angustiado, y un 13% indiferentes. Un dato adicional menciona que solo el 18% realiza actividad física, y el 76% afirma pasar más tiempo frente a las pantallas.

Este cambio que sufrió la estructura educativa afectó en lo personal a cada integrante de ella. “No se puede pretender que un niño esté en la casa igual que en la escuela, eso es imposible”, dice Liliana González, psicopedagoga y especialista en clínica de niños y adolescentes.

Analiza los desbordados que se encuentran los protagonistas, al tener que cumplir con las sobre exigencias de la educación en plena pandemia. “Los padres no son docentes, tienen que saber pedir ayuda a los profesores, y no machacar a los chicos. Los docentes también están haciendo un trabajo sobrehumano, ante algo inédito y sin experiencias. Las instituciones no pueden pretender el mismo resultado, que antes del coronavirus, y juntos debemos repensar la escuela que se viene”, remarcó. 

El coronavirus trajo un nuevo aprendizaje, y el ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta avanza junto a las 24 provincias para reorganizar el año educativo y adaptar los protocolos para la capacitación a docentes y a toda la comunidad educativa, respecto del “distanciamiento social”. Así, las provincias que tengan un bajo nivel de circulación del virus ya comienzan a alternar las clases virtuales con las presenciales.

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