La pandemia y sus efectos psicológicos Por Melisa Aiassa 2ºB

La pandemia y sus efectos psicológicos Por Melisa Aiassa 2ºB

Con más de 150 días del confinamiento dispuesto por Gobierno el pasado 20 de marzo, donde un enemigo invisible se asomaba y se sabía muy poco de él, muchos ciudadanos comenzaron a afrontar serios problemas psicológicos

Las personas están acostumbradas a socializarse, juntarse con amigos y familiares y necesitar de un abrazo. Pero hoy se ve muy lejano. La separación de los seres queridos, la libertad y la incertidumbre sobre el estado de la epidemia y el aburrimiento son algunas consecuencias que, en ocasiones, pueden conllevar efectos negativos.

Debido al impacto en rutinas habituales como consecuencia del aislamiento, algunas personas presentaron sentimientos de estrés y ansiedad e incluso desesperación o síntomas depresivos.

Estudios realizados por estudiantes de psicología de la Universidad de Buenos Aires informaron que los factores estresantes de la cuarentena son frustración, aburrimiento, falta de suministro, información inadecuada y pérdida de finanzas, entre otras.

Pero el coronavirus no es el primero que provoca estas dificultades. Ocurrió en ciudades deChina y Canadá, durante el brote de 2003 del síndrome respiratorio agudo severo (SRAS), y en aldeas enteras de muchos países de África occidental que se pusieron en cuarentena durante el brote de ébola de 2014.

Un estudio realizado en la última cuarentena de 2014, causado por SARS, encontró síntomas de estrés postraumático en empleados del hospital incluso tres años después. Aproximadamente el 34% (938 de 2760) de los propietarios de caballos que se pusieron en aislamiento durante varias semanas debido a un brote de gripe equina reportaron un alto nivel de angustia psicológica durante el brote, en comparación con alrededor del 12% en la población general australiana.

Un estudio que compara los síntomas de estrés postraumático en los padres y los niños con aquellos que no estaban en aislamiento encontró que las puntuaciones medias de estrés postraumático eran cuatro veces más altas en los niños. El 28% (27 de 98) de los padres en este informe informaron síntomas suficientes para garantizar el diagnóstico de un trastorno de salud mental relacionado con el trauma, en comparación con el 6% (17 de 299) de los padres que no estaban confinados.

Otro estudio del personal del hospital examinó los síntomas de depresión tres años después de la cuarentena y encontró que el 9% (48 de 549) de toda la muestra informó síntomas depresivosaltos. En ese grupo, casi el 60% (29 de 48) estuvo confinado, pero solo el 15% (63 de 424) del grupo con síntomas depresivos bajos.

Los trabajadores de la salud también sintieron una mayor estigmatización que el público en general. Exhibieron más conductas de evitación después de la cuarentena, informaron una mayor pérdida de ingresos y fueron consistentemente más afectados psicológicamente. Informaron sustancialmente más enojo, molestia, miedo, frustración, culpa, impotencia, aislamiento, soledad, nerviosismo, tristeza, preocupación, y fueron menos felices.

En la actualidad, debido a la pandemia COVID-19 una encuesta de mayo pasado de CIS/UADE/VOICES en base a 1.300 a nivel nacional brinda información sobre los efectos psicológicos de la pandemia y el aislamiento y muestra el impacto negativo sobre la salud mental de los argentinos.

En promedio, usando una escala de 1 a 10, el 5,8 de los encuestados calificaron un estado de ánimo poco satisfactorio durante la última semana. Son las personas de nivel socioeconómico bajo, los jóvenes y las mujeres quienes expresaron estados más críticos y ello se reitera en distintas emociones medidas en el estudio.

Siete de cada diez encuestados (de 16 años o más) declararon que el coronavirus es una fuente de estrés en su vida diaria y la misma proporción declaró haber sufrido ansiedad debido a la situación.

Más de la mitad de la población (58%) declaró que en la última semana había sufrido trastornos del sueño y en una proporción similar (56%) su apetito se vio afectado (sin o comiendo demasiado). Además, un 37% se sintió deprimido, el 31% muy solo y el 28% con mucho miedo. También en los últimos siete días un 11% bebió más alcohol, 20% fumo más y el 12% ingirió tranquilizantes. 

Una encuesta previa de 2015 de la misma fuente permite una comparación con la actual y muestra un crecimiento importante de personas con problemas de sueño (+13 puntos porcentuales); con desgano y falta de energía (+11 puntos porcentuales) y muy tristes y deprimidos (+9 puntos porcentuales).

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