LA RUSA LLEGÓ PRIMERO – Por Natalio Marquis 1ºB

LA RUSA LLEGÓ PRIMERO – Por Natalio Marquis 1ºB

     Cuando éramos chicos, década del ’60, en todas las series que mirábamos, sin excepción, los americanos, en realidad los estadounidenses, siempre ganaban las batallas mediante las más variadas formas, todas épicas. Sus derrotados fueron los indios pieles rojas (comunidades originarias, desalmadas y sanguinarias que defendían sus territorios con armamentos neolíticos contra los fusiles de los nobles militares quienes, a través del uso de la fuerza, los invitaban a parlamentar). También lo fueron alemanes y japoneses, ambos derrotados en la 2da. Guerra Mundial.   Ya con los comienzos de la Guerra Fría, el enemigo de había mudado a la URSS. Los soviéticos eran muy blancos, enormes y carentes de gestualidad, marciales, pronunciaban muy fuerte la erre, y ponían en serio peligro La Paz Mundial, a la que los americanos dedicaban toda su energía, inteligencia y coraje. Tan así fue, que nunca nos mostraron que quienes ingresaron para liberar Berlín habían sido las malignas tropas rusas. Quedó tatuado en nuestro imaginario que fueron las valientes patrullas yanquis los que, mediante operaciones heroicas y muy arriesgadas, lo habían logrado.

     Simultáneamente, continuaban la carrera armamentística, la nuclear y la espacial. Tal como era previsible, la gran potencia occidental que había arrojado dos bombas atómicas sobre Japón, (con la mejor onda y con el noble propósito de poder sentarse a la mesa de negociaciones con el Emperador Hirohito, un temible tirano expansionista que se había plegado al Eje), se erigía en líder de la defensa de la vida en libertad, compitiendo nuevamente contra la malvada URSS, que proponía una vida tan gris como el color de su única indumentaria. Siempre fue EEUU quien utilizó la Fuerza para defender la Paz.

     Fueron Apolo las primeras naves que orbitaron alrededor de nuestro planeta, aunque un día nos enteráramos que Yuri Gagarín y la perra Laika lo hubieran logrado mucho antes. Aun en la actualidad continúan poniéndose en duda el movimiento de la bandera plantada en la luna, la proyección de su sombra y las pisadas sobre la superficie selenita. 

     Actualmente, en medio de esta terrible pandemia que nos tiene en jaque, sabemos que el presidente de “la primera potencia mundial” desafió a la naturaleza y a la ciencia, descalificándolos y paseándose sin tapaboca, ni interior ni a la vista, jactándose de su condición de invencible héroe de comic. Este mismo empresario devenido en político, fanfarroneaba con la proximidad en la invención de su vacuna, la primera y la mejor que sería creada por sus laboratorios subvencionados para salvar a la humanidad.

     Hoy nos desayunamos con el primer mandatario ruso anunciando a voz en cuello que en sus laboratorios lo habían logrado. Contó que se la habían aplicado a su propia hija con aceptables resultados.

     Como era de esperarse, desde USA no les hicieron llegar su generoso reconocimiento por el enorme beneficio que le reportará a toda la Humanidad sino la descalificación simplemente por el país de origen.

     Como el simple mortal que soy, no me importa adónde la parieron. El virus no elige por nacionalidad, creencias religiosas ni filosóficas, color de piel ni condición socioeconómica.

     Su nombre me indujo a pensar un resultado: “la Sputnik 5 – Donald 0”.

     Con la fórmula de la Coca Cola primerearon los norteamericanos. Desoxida tornillos y refresca mejor, pero no cura el CoViD-19.

     Con la de la vacuna contra esta peste, la Rusa llegó primero.

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